La torre de radio Shukhov, en Moscú, será desmontada este otoño y vuelta a armar con acero nuevo hasta 2028. Quienes la mantienen lo llaman restauración. Yo lo llamo reposición: cuando se cambia casi todo el metal original, lo que vuelve a su lugar es una réplica de la torre de 1922. Y lo que más pesa es que la protección legal del acero original se simplificó en el camino.
Qué está pasando en Moscú
La torre fue construida entre 1919 y 1922 por Vladimir Shukhov, en plena Guerra Civil. El proyecto preveía 350 metros y nueve secciones, para superar a la Torre Eiffel. Faltó acero, y quedó con seis secciones y 144 metros, según Meduza.
Inaugurada en 1922 como Torre de Radio del Comintern, fue el primer gran transmisor de radio de la Unión Soviética. En 1937 emitió la primera señal de televisión y, el 10 de marzo de 1939, comenzó la transmisión regular de TV. Está fuera del aire desde 2002.
La dueña de la torre es RTRS, la red estatal rusa de transmisión de radio y televisión. En abril de 2026, el órgano ruso de peritaje de proyectos aprobó el plan de reconstrucción, según Kommersant. El dictamen registra más del 80% de la superficie corroída y evalúa que la mayoría de las fijaciones de la celosía a los anillos de transición son poco confiables, con alta probabilidad de rotura súbita. Según Meduza, en 2014 faltaban 31 remaches de unos 30 mil, y ahora faltan 55.
El plan de RTRS es reemplazar casi todo el acero original. Meduza dice que solo algunos apoyos de la sexta sección, en la cima, quizá se conserven. Stanislav Belyavsky, director general adjunto de RTRS, afirma que lo que se pueda restaurar se restaurará, lo que no se pueda se cambiará por equivalentes en material moderno, y que "será exactamente la misma torre".
La regla que cambió
El detalle que pesa está en la protección legal. En 2014, el listado de patrimonio describía el acero de la torre al detalle: barras, anillos, remaches, uniones. En una revisión del 8 de julio de 2022, la lista pasó a decir solo "metal" como material protegido, lo que, según Meduza, abrió el camino a una reconstrucción en réplica.
Es decir: la lista que protegía el acero pieza por pieza se simplificó en 2022, cuatro años antes de que se aprobara el plan de reposición.
Quién no está de acuerdo
El bisnieto del ingeniero, también llamado Vladimir Shukhov, dice que una restauración conservadora tomaría hasta 20 años. RTRS quiere terminar en dos. La Unión de Restauradores pidió el 6 de agosto una revisión independiente, y más de 10 mil personas firmaron la petición del sitio de arquitectura Arkhi.ru.
Otras torres del mismo diseñador se trataron de otra forma, según Meduza. La primera torre hiperboloide de Shukhov, en Nizhni Nóvgorod, volvió a su lugar en 2026 con un solo elemento torcido reemplazado. La torre de línea de transmisión cerca de Dzerzhinsk, restaurada en 2020, recuperó los elementos faltantes. La de la siderúrgica de Vyksa, trasladada y restaurada en 2025, recibió laser cladding para rehacer el metal perdido en vez de cambiar piezas enteras. En todas, el límite fue cambiar como máximo el 5% del metal.
El otro lado tiene un argumento honesto: con más del 80% de la superficie corroída y fijaciones en riesgo de rotura, dejarla como está tampoco es opción. Nadie quiere que la torre se caiga. Pero la pregunta que el plan no responde es por qué esta vez no se puede hacer lo que se hizo con las otras.
Cómo llegó la torre hasta aquí
Dos decisiones del pasado ayudan a entender su estado.
En 1971, una intervención de especialistas envolvió la base en concreto. Shukhov había diseñado los apoyos para moverse con el viento, y el concreto trabó ese juego. Según Meduza, el óxido empezó a formarse justo donde el metal toca la cimentación.
En 2011, el gobierno ruso liberó 135 millones de rublos para la restauración, pero la cuenta real era de 350 millones. Buena parte del dinero volvió a la tesorería y la obra se postergó. En 2015 se retiraron las antenas para aliviar el peso y, en 2016, se instalaron soportes metálicos internos que, según Meduza, alteraron el equilibrio natural de la estructura.
La lección para quien opera un transmisor es la más vieja del oficio. El mantenimiento postergado se convierte en obra grande, y una intervención bienintencionada sin mediciones antes y después puede empeorar lo que quería arreglar. Una torre de 104 años sobrevivió a la guerra, al viento y a décadas de aplazamientos. Lo que quedará de ella después de 2028 es la pregunta que sigue abierta.